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Esto ocurre en tu cerebro cuando te mueres

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Imaginamos la muerte como un momento concreto. Un instante exacto en el que la vida se apaga.

Pero desde el punto de vista biológico, la muerte no ocurre de golpe. Es un proceso progresivo que se desarrolla en varias etapas dentro del cuerpo.

Cuando el corazón se detiene, el organismo no se apaga inmediatamente. Diferentes órganos comienzan a fallar a ritmos distintos, mientras millones de células luchan por mantener su equilibrio durante unos minutos más.

Lo que ocurre en ese proceso es uno de los fenómenos más fascinantes de la biología humana.


El momento en que el corazón se detiene

En la mayoría de los casos, el proceso comienza cuando el corazón deja de latir.

El corazón es una bomba que mantiene en movimiento unos cinco litros de sangre por el cuerpo. Esa sangre transporta oxígeno y nutrientes a todos los tejidos y vuelve al corazón. Ese trayecto de ida y vuelta dura aproximadamente 1 minuto.

Cuando el corazón se detiene, la circulación se interrumpe de forma inmediata. Sin flujo sanguíneo, el oxígeno deja de llegar a los órganos y el cerebro es el órgano más sensible a este cambio.

En aproximadamente 10 segundos, la falta de flujo sanguíneo provoca la pérdida de conciencia.


Lo que ocurre en el cerebro

El cerebro consume alrededor del 20% del oxígeno del cuerpoaunque solo representa cerca del 2% de su peso. Es el órgano que necesita más energía para funcionar, con mucha diferencia sobre el resto.

Cuando el flujo sanguíneo se detiene, las neuronas dejan de recibir oxígeno y glucosa. Sin estos elementos, no pueden producir la energía necesaria para mantener su actividad.

En pocos segundos la actividad eléctrica del cerebro comienza a disminuir.

Sin embargo, algunos estudios recientes han observado algo inesperado.

En determinadas situaciones, justo después de un paro cardíaco puede producirse un breve aumento de actividad cerebral antes de que esta desaparezca por completo.

Un último pico de actividad que podría explicar las situaciones que se viven en las ECM (experiencias cercanas a la muerte), aunque esto da para un artículo a parte.

Dentro de las neuronas hay concentraciones distintas de sodio, potasio y calcio que en el exterior.

Ese equilibrio permite que las neuronas generen impulsos eléctricos y se comuniquen entre sí. Mantener ese equilibrio requiere trabajo constante, un consumo de energía constante.

En la membrana de cada neurona existen proteínas especializadas llamadas bombas iónicas. Son pequeñas moléculas cuya función es transportar iones dentro y fuera de la neurona.

Una de las más importantes es la bomba sodio-potasio, que expulsa sodio al exterior de la célula e introduce potasio en su interior. Este proceso ocurre millones de veces por segundo en todo el cerebro.

¡Millones de veces por segundo!

La energía que utilizan estas bombas procede de una molécula llamada ATP (adenosín trifosfato).

El ATP es la moneda energética de las células. Cada vez que una célula de nuestro cuerpo necesita realizar trabajo —contraer un músculo, sintetizar una proteína o transportar moléculas— utiliza ATP.

»»No quiero enrollarme con este tema del ATP pero si quieres que escriba acerca de cómo funciona, déjamelo en los comentarios.««

El delicado equilibrio eléctrico que mantiene viva a la neurona comienza a desestabilizarse y se desata una tormenta química en el cerebro.


La tormenta química del cerebro

A medida que las neuronas pierden su equilibrio interno, empiezan a liberar grandes cantidades de neurotransmisores.

Entre los más importantes se encuentran el glutamato, la dopamina y la noradrenalina.

  • El glutamato es el principal neurotransmisor excitador del cerebro. En condiciones normales permite que las neuronas se activen entre sí y transmitan información. Pero cuando se libera en cantidades excesivas puede provocar una activación descontrolada de las neuronas.
  • La dopamina, por su parte, está relacionada con circuitos de motivación, recompensa y movimiento. Durante situaciones de estrés extremo el cerebro puede liberar grandes cantidades de dopamina.
  • La noradrenalina participa en la respuesta de alerta del organismo. Es uno de los neurotransmisores que se liberan cuando el cerebro detecta una situación crítica.

En los momentos en que el cerebro deja de recibir oxígeno, estos sistemas pueden activarse de forma intensa y caótica.

Lo que normalmente es una comunicación ordenada entre neuronas se convierte en una actividad desorganizada.


Un descubrimiento reciente

En 2022, un grupo de neurólogos registró por primera vez la actividad cerebral de una persona justo en el momento de morir.

El caso ocurrió de forma accidental. Un paciente de 87 años estaba hospitalizado por epilepsia y los médicos estaban monitorizando su cerebro con un electroencefalograma para estudiar sus crisis epilépticas.

Mientras estaba conectado al equipo, sufrió un paro cardíaco.

Esto permitió registrar la actividad de su cerebro durante los minutos alrededor de la muerte.

Los investigadores analizaron aproximadamente 900 segundos de actividad cerebral, centrándose especialmente en los 30 segundos antes y después de que el corazón dejara de latir.

En ese periodo observaron cambios en distintos tipos de ondas cerebrales, especialmente en las llamadas ondas gamma.

Estas ondas suelen aparecer en procesos relacionados con la memoria, la atención y la percepción consciente.

El hallazgo llevó a algunos investigadores a plantear una hipótesis interesante: el cerebro podría mostrar una última organización de actividad antes de apagarse por completo.

No se trata de una actividad organizada como la de un cerebro plenamente funcional, pero tampoco es silencio absoluto.

Durante unos instantes, distintas regiones del cerebro parecen activarse de forma intensa, como si se produjera una última sincronización antes del colapso definitivo.

Todavía no está claro si este fenómeno podría ser un mecanismo para ayudarnos a la transición hacia la muerte o si tiene una utilidad evolutiva.

No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que la muerte no es un instante.

Es un proceso.

Un proceso en el que el cuerpo deja de sostener la vida poco a poco, célula a célula, sistema a sistema.

Y en ese proceso, el cerebro, el órgano que nos hace percibir la consciencia de ese momento, es uno de los últimos en apagarse.

Seguramente por eso, entender qué ocurre en ese momento no solo es una cuestión científica, también filosófica. Porque pensar en la muerte es acercarnos a algo que todos compartimos y sobre lo que muy poco sabemos.

Quizá, no necesitamos querer saberlo todo.

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Alberto Pujol

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